La Delegación Camcuba tuvimos la dicha de iniciar las Asambleas Pos Capitulares. Los días 6 al 9 de noviembre nos convocamos todas y, acompañadas de algunos de nuestros laicos, vivimos unos días llenos de gratitud y con un profundo sentir de familia. Ha sido una gozosa experiencia de vida fraterna, donde pudimos sentir la fuerza del Espíritu, que nos quita los miedos y nos mueve a soñar un futuro con una mirada esperanzadora.
Conocer los acuerdos capitulares en medio de la conversación en el Espíritu nos ayudó a escuchar el sentir de las hermanas y los laicos, que se convertían en un eco de su voz. Mirarnos globalmente nos invita a seguir confiando en Dios por medio de la Congregación y a identificarnos con un solo Carisma y Espiritualidad, montadas todas y todos en una misma barca.
Reconocemos grandes desafíos para nosotras, las Esclavas de Cristo Rey, pero sentimos la certeza de que es Jesús quien conduce nuestra barca. Es Él quien dirige nuestros caminos y nos sigue llamando a trabajar —juntas y juntos, hermanas y laicos— en la construcción del Reino. Sentimos la Gracia actuante de Dios que, a pesar de las diferencias de cada hermana, quiere obrar en cada una y para el mundo.
Se convirtió en un tiempo de escucha, acogida y discernimiento; de salir de nuestra zona de confort para dejar que Dios siga abriendo caminos. Fueron unos días muy bien organizados y, a nivel de la materia trabajada, fue de admirar el resumen tan impecable que nos presentaron las hnas. consejeras sobre lo trabajado y orado durante el pasado capítulo general.
La metodología aplicada sobre la conversación en el Espíritu, además de ayudar a una consciente y orada reflexión personal, también ayudó a tener los puntos de vista de cada hermana, de unos pequeños grupos de vida y, así mismo, de la asamblea en pleno, no dejando de escuchar a nadie, sino teniendo en cuenta el sentir de cada hermana. Cada detalle, cada esfuerzo y cada momento hicieron que esos días fueran dichosos y que estuviéramos todos y todas en el corazón de Jesús como esta obra tan amada por Dios.
También nuestros laicos expresan su sentir: la asamblea fue un «Sí» a la Misión Compartida. La vivimos como un «don y una tarea», comparándola con respirar aire fresco. Fue un momento de renovación lleno de ilusión y una llamada a reiniciar la misión compartida, un Compromiso Personal («Sí, quiero»). Nos comprometemos con responsabilidad, entusiasmo, disponibilidad y oración sincera. Confirmamos nuestro deseo de pertenecer a la Familia Legariana y «navegar mar adentro» con Jesús. Sentimos un fuerte sentido de compromiso, responsabilidad e ilusión.
Experiencia de renovación, sintiéndonos parte viva de la comunidad gracias a la cercanía y sinceridad de las hermanas. La vulnerabilidad mostrada por la Congregación nos impulsa como laicos a una fuerte corresponsabilidad pastoral para mantener vigente el carisma. La escucha activa, la diversidad de opiniones y la apertura a la innovación para evangelizar fue hermosa. Por eso, la experiencia fortaleció nuestra fe y formación espiritual. Proponemos formalizar la vinculación de los colaboradores, mencionando la posibilidad de «laicos consagrados» o una «carta de hermandad».
Hermanas y laicos elevamos nuestra oración y bendición para el nuevo Consejo General y los equipos de las delegaciones, confiando esta nueva etapa a la Providencia divina.
