En esta experiencia, todos nos hemos dado cuenta de que hay sentimientos dentro de nosotros que no conocíamos. Pero creo que nos entenderéis mejor si os contamos qué hemos aprendido día a día.
El primer día que llegamos, nos planteamos porque estábamos aquí y para todos la respuesta fue clara por Él. Todos empezamos esta experiencia con muchas ganas e ilusión.
En el segundo día, aprendimos qué era el discernimiento y lo importante que es saber elegir en la vida, distinguiendo entre lo que nos lleva hacia el espíritu bueno y lo que nos aleja del espíritu malo. Ese día, por la tarde, aprendimos a orar y a preguntarnos qué hacía Dios en nuestra vida, qué papel jugaba en ella. Aprendimos, en silencio, a orar con Él, escuchando nuestro interior y conectando con nosotros mismos para entender aquello que nos quiere decir. Por la noche, celebramos una eucaristía en la que, con lo aprendido durante el día, debíamos organizar la homilía para expresar qué era lo que más nos había llenado a cada uno.
En el tercer día, aprendimos a diferenciar nuestros dones de nuestras necesidades. Ese día, hicimos una oración en grupo en la que todos vimos y descubrimos dones que desconocíamos de nosotros mismos y de los demás. Por la tarde, hicimos memoria y recordamos aquellos momentos tan especiales vividos juntos en el colegio, momentos que a todos nos han llenado. Compartimos nuestras experiencias y vimos un vídeo con un discurso en el que aprendimos que lo más importante es fracasar a lo grande, soñar a lo grande y siempre tener metas. Lo más importante que aprendimos ese día fue a pedir perdón y a comprometernos a servir a aquellas personas que queremos. Reflejamos esto en una oración en la que debíamos pedir perdón y perdonar. En la eucaristía, nos comprometimos con un gesto precioso: lavar las manos a aquellas personas con las que realmente queríamos comprometernos.
Finalmente, en el último día, escuchamos un testimonio precioso que nos emocionó a todos. De él aprendimos muchas cosas y, la más importante de todas, que debemos vivir para cambiar el mundo y hacer de este mundo un lugar mejor, lleno de cariño y amor. No debemos vivir de forma cómoda, sino buscar la felicidad allá donde sea necesario y fracasar a lo grande las veces que haga falta hasta llegar a lo que nos hace felices, sin conformarnos, pero siempre con Dios en el centro de todo.
Todos nos llevamos un gran aprendizaje y una frase que resume lo que todos hemos vivido: “No se trata de estar haciendo muchas cosas, sino de que las pocas cosas que hagamos tomen el sentido de nuestras vidas.” Debemos soñar a lo grande y fracasar a lo grande, pero siempre teniendo metas claras, poniendo a Dios en primer lugar y manteniéndolo siempre en el centro, porque todo lo que conseguimos y tenemos es por gracia de Dios.
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Alumna participante
