A lo largo de este tiempo de gracia, el Señor ha salido al encuentro de cada uno de nosotros para nutrirnos con el pan de su Doctrina Sagrada, recordándonos que el ser humano no vive solo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Este cierre litúrgico no representa el ocaso de nuestra meditación, sino el inicio de una etapa de mayor fidelidad. Las Escrituras no son un libro del pasado; son la voz viva del Creador que resuena hoy en el corazón de la Iglesia.
Nos deja un compromiso comunitario y eclesial
➢ Custodia de la fe: Nos comprometemos a que la lectura orante y la contemplación diaria de los textos sagrados permanezcan firmes en nuestros hogares, haciendo de cada familia, de cada comunidad, una Iglesia doméstica guiada por la Verdad.
➢ Fidelidad doctrinal: Que la meditación de la ley del Señor nos guarde del error y de las distracciones del mundo, manteniendo nuestra mente y espíritu fijos en lo que es eterno.
➢ Testimonio y misión: El fin de este mes nos convoca a la evangelización. Estamos llamados a transformar la letra escrita en obras de justicia, caridad, gratitud y verdad, convirtiéndonos en un Evangelio vivo y legible para nuestros hermanos.
Damos gracias a Dios por el don de su Revelación y le pedimos la gracia de la perseverancia para que su Palabra sea siempre la lámpara que guíe nuestros pasos en medio de la oscuridad.
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“Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero”. Sal 11
Buscamos consuelo en palabras humanas y olvidamos aquella certeza que tuvo san Juan de la Cruz en su experiencia espiritual: «Una palabra habló el Padre: Jesús». Y esta Palabra sigue hablándonos…volver a Jesús, volver a su Palabra. Porque ¿a quién más vamos a ir si solo Él tiene Palabras de vida eterna? (S. Jn 6,68) Es en Él, en su Palabra, donde podemos encontrar el verdadero consuelo, porque su Palabra permanece aun cuando las palabras humanas se acaban y todo queda en silencio.
Vivimos en un mundo donde las palabras van y vienen todo el tiempo: mensajes escritos, mensajes de voz, palabras que recibimos y palabras que damos. Tal vez este mes de la Palabra, de la Sagrada Escritura, de la Biblia, sea una invitación a volver a lo sencillo: volver a tener en nuestras manos la Sagrada Escritura y dejarnos encontrar y sorprender por las Palabras de Dios, que ha querido hablarnos por medio de los profetas y, sobre todo, por medio de su Hijo, Jesús, la Palabra hecha carne.
“Lámpara es tu palabra para mis pasos”. Mis pasos, tantas veces inciertos, vacilantes, inseguros y temerosos.
Tu palabra “Luz en mi sendero”. Sendero que no siempre es fácil: a veces llano, otras veces empinado y pedregoso, y otras veces parece que no sé por dónde continuar.
Pero allí estás Tú, con tu Palabra, iluminando mi camino.
Pienso en María, aquella humilde esclava que supo escuchar y responder: «Hágase en mí según tu palabra». También yo quiero aprender de Ella a confiar, a dejar que tu Palabra vaya iluminando mis pasos, aun cuando no pueda ver todo el camino.
Quizás eso es lo que hace la lámpara: no ilumina todo de una vez, pero sí el paso que debo dar.
Tu Palabra llega a mis pasos y se hace luz para el camino que hoy debo recorrer. Por eso quiero volver a ella, escucharla, dejarla entrar en mi vida, dejarme sorprender y confiar.
Porque cuando no sé por dónde seguir, tu Palabra es lámpara para mis pasos y luz en mi sendero.
Desde este lindo lugar de la casa de Espiritualidad “LA CABAÑA” en la Ceja Anti. Colombia.
Ledys Damary Cardona Ramírez.