Soy María José, de Badajoz, laica comprometida en la Parroquia de San José, especialmente en el acompañamiento y trabajo con niños y jóvenes en los procesos catequéticos de Primera Comunión, en Acción Católica y en el proyecto de primer anuncio Cuatro40.
Participar en esta asamblea de las Esclavas de Cristo Rey ha sido una experiencia muy especial y, además, una de esas vivencias que llegan casi sin esperarlas. Todo comenzó cuando la hermana Mar Camargo, me llamó para invitarme a pasar unos días en Madrid. Yo ya había participado anteriormente en talleres y encuentros en la casa, así que cuando me dijo que creía que esta experiencia me iba a gustar mucho, aunque no me explicó mucho más, confié plenamente. Así que en cuanto pude organizarme, le dije que sí inmediatamente. Y ahora, después de haberlo vivido, solo puedo dar gracias por haber aceptado aquella llamada.
Más que un encuentro, esta asamblea ha sido una oportunidad para conocer de cerca su realidad, su estructura, su formación de futuro y el trabajo tan ilusionante que están desarrollando a través del PAC y de la nueva fundación.
He podido compartir especialmente desde el grupo de Pastoral infantil, juvenil y vocacional, y me llevo el corazón lleno por la cercanía, la luz y la acogida con la que nos han recibido desde el primer momento. Ha sido muy bonito convivir con las hermanas, compartir los distintos espacios de trabajo y también conocer el colegio, descubriendo de cerca la misión educativa y evangelizadora que realizan cada día.
Durante estos días hemos podido no solo aportar ideas y reflexionar juntos sobre las líneas estratégicas de futuro, sino también crear vínculos, escuchar experiencias y sentir que caminamos hacia un mismo horizonte con ilusión y esperanza. Me ha emocionado especialmente la sencillez, la alegría y la entrega que transmiten en cada gesto.
Agradezco profundamente que permitan a los laicos formar parte de sus equipos de trabajo y de reflexión. Sentirse escuchados, acogidos y caminar juntos es un verdadero regalo para la Iglesia y para todos los que deseamos seguir construyendo comunidad.
Estoy convencida de que este ha sido solo el comienzo de un camino compartido que traerá mucho bien y muchos frutos. Gracias por abrir las puertas, por la confianza y por hacernos sentir en casa desde el primer momento. Un abrazo enorme.
_______
María José
Hay encuentros que llegan sin hacer ruido y terminan transformándote por dentro.
Mi nombre es Virtudes Sánchez Moreno. Soy economista y teóloga, amante de la banca, aunque desde hace años dedicada plenamente a la docencia en el Colegio FEC Sagrada Familia de Badajoz. Tengo 39 años, estoy casada y soy mamá de dos niños de 3 y 8 años.
Siempre he sentido un profundo compromiso con mi fe, con la formación y, especialmente, con el acompañamiento de los jóvenes. Porque acompañar no es solo enseñar; es escuchar, sostener, caminar al lado y ayudar a descubrir que Cristo sigue llamando al corazón de cada joven.
Pero la vida, a veces, tambalea nuestros cimientos, nuestros proyectos y nuestras ilusiones. Ninguno estamos libre de atravesar momentos difíciles, etapas en las que una necesita volver a encontrarse, volver a respirar por dentro y recordar que todo esfuerzo merece la pena.
Y fue precisamente en medio de ese tiempo cuando apareció, casi providencialmente, la hermana Mar Camargo.
La conocí hace tres años, en la Casa de Espiritualidad de Gévora, durante un retiro que realizamos con 21 jóvenes de 18 años. Para mi compañera Concha Abia y para mí, aquel retiro no fue uno más. Sin saberlo, marcó el inicio de un camino apasionante hacia el acompañamiento juvenil.
Allí comprendí que los jóvenes no necesitan respuestas perfectas; necesitan personas que los miren con verdad, que crean en ellos y que les ayuden a descubrir a Cristo desde la cercanía y la autenticidad.
Desde entonces, la hermana Mar ha sido guía, impulso y acompañamiento. Con sencillez, escucha y pequeñas pinceladas llenas de sabiduría, me ha enseñado que acompañar también significa dejarse acompañar.
Y así llegué la pasada semana a la Asamblea de las Esclavas de Cristo Rey.
Fui convocada para formar parte del equipo de pastoral juvenil y todavía hoy me cuesta expresar con palabras todo lo vivido durante esos dos días. Porque hubo formación, sí. Hubo ideas, proyectos, trabajo en equipo y nuevas líneas estratégicas que anuncian tiempos ilusionantes para la Congregación y para la pastoral juvenil. Pero hubo mucho más.
Hubo encuentros. Miradas que inspiran. Personas que creen de verdad que otra forma de caminar con los jóvenes es posible.
Escuché hablar de liderazgo, de equipos, de una pastoral juvenil fuerte, viva y profundamente centrada en el acompañamiento. Y mientras escuchaba, algo dentro de mí volvía a encenderse.
Sentí la enorme suerte de poder ser voz de la pastoral juvenil extremeña, de compartir nuestras inquietudes, nuestros sueños y también nuestras esperanzas. Descubrir tantas posibilidades, poner ideas en común y sentir que caminamos hacia un mismo horizonte me enriqueció profundamente.
Volví a casa con mucho más que apuntes o proyectos.
Volví con nombres, con abrazos, con aprendizajes y con la certeza de que, cuando Dios pone personas en el camino, nada ocurre por casualidad.
Me llevo momentos mágicos, impulso y esperanza. Y, sobre todo, me llevo la inmensa alegría de haberme sentido acogida.
Solo puedo dar las gracias por recordarme que, incluso en medio de las heridas, Dios sigue abriendo caminos nuevos.
Porque sí… después de estos dos días, vuelvo a creer que todo es posible.
_______
Virtudes
