Asamblea Poscapitural de la Delegación Venezuela-Panamá

Crónica tras el XV Capítulo General

La reciente Asamblea Poscapitular en Venezuela se vivió como un auténtico “Kairós”. En el entorno sereno de la Casa de Ejercicios de El Hatillo, nuestra familia carismática se reunió para aterrizar las determinaciones del Capítulo General a la realidad vibrante y desafiante de Venezuela, en un clima de discernimiento y comunión fraterna.

Hermanas y laicos nos reunimos para reflexionar sobre los llamados que el Espíritu nos hizo en el XV Capítulo General, las nuevas líneas para la misión, los modos renovados de vivir el carisma y la visión compartida de una comunidad más cercana, disponible y samaritana.

En estos días nos iluminó el pasaje evangélico de Juan 21, donde Jesús invita a lanzar las redes confiando en Él. Este texto nos recordó que la Congregación es una barca guiada por sus palabras y que hermanas y laicos estamos llamados a decir con disponibilidad: “Aquí estoy… Yo voy”.

Fueron días de escucha, de trabajo fraterno, de clarificación y compromiso, donde buscamos asegurar que cada orientación capitular se traduzca en vida, en acciones concretas y en un servicio más fiel al Reino. Esta asamblea no solo marcó el cierre de un proceso, sino que marcó el comienzo de un nuevo impulso para hermanas y laicos. Hoy más que nunca nos sentimos más unidos en la misión de hacer reinar a Cristo con alegría, esperanza y entrega desde nuestras realidades.

La riqueza del encuentro residió en la escucha activa a través de la dinámica de trabajo de la “Conversación en el Espíritu”, donde resaltaron como ecos que nos iluminan el camino a seguir:

La comunión en la diversidad: Las hermanas destacamos la alegría del reencuentro y la necesidad de “revitalizar el fuego del carisma” en medio de las diversas dificultades del país.
El rol del laicado: Los laicos expresaron un profundo sentido de pertenencia. Subrayaron que no son solo colaboradores, sino corresponsables del carisma, aportando una mirada renovada, tanto profesional como pastoral, a la misión que comparten con nosotras.
Esperanza activa: A pesar de los desafíos del contexto venezolano, el sentimiento predominante fue la esperanza. Se habló de una Iglesia “en salida” que sabe abrazar la vulnerabilidad.

Para hermanas y laicos, la Asamblea poscapitular significó…

  • La vivencia de la sinodalidad y el discernimiento, junto a la confirmación de los discernimientos hechos en el Capítulo General.
  • Fortalecer y dar convicción a un llamado común en una misión y un carisma específicos, vividos en fraternidad y comunión de corazones.
  • El motivo para sentirnos instrumentos en una misión encomendada.
  • Experimentar la responsabilidad y el compromiso en actitud de servicio al más necesitado.
  • El reto de poner el corazón en la obra, con ardiente celo apostólico.
  • Avivar la esperanza, generar cambios y dar paso a la innovación.

“Nos llevamos el compromiso de ser luz en nuestras comunidades, no con grandes discursos, sino con la presencia humilde y el trabajo compartido”.
Reflexión de un participante

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