EPICREY 2024: El Hatillo acoge el XV Encuentro de Docentes

Miembros de nuestras instituciones educativas vuelven a darse cita
Fotografía de los participantes de EPICREY 2024 durante una de las sesiones

En El Hatillo (Venezuela) se han dado cita, del 3 al 6 de octubre, un grupo de educadores: 67 personas entre laicos y hermanas ECR que han celebrado el XV ENCUENTRO DE DOCENTES, con representación de cada una de nuestras instituciones educativas, muestra tangible de la gran familia que formamos, la Familia Legariana.

Como educadores, somos los artífices de sueños e ilusiones, sembradores de esperanza y los guías en este apasionante camino de la formación integral. Cada uno, con entrega y vocación, contribuyen a moldear el futuro de nuestros jóvenes venezolanos encomendados en nuestra MISIÓN.

Desde hace 20 años, la Congregación ha hecho una apuesta firme por los laicos comprometidos desde la Pastoral Educativa con la creación de EPICREY: “Equipo Pedagógico Integrado Cristo Rey” que, este año, celebra 20 años de existencia. Este encuentro hace visible, una vez más, cómo Juntos somos testigos de que es posible la MISIÓN COMPARTIDA, y cómo ella nos une en un proyecto común: EDUCAR EN LOS VALORES DEL EVANGELIO, siguiendo las huellas de san Ignacio y de nuestro Padre Fundador Pedro Legaria.

Nuestra identidad, como instituciones de educación católica, nos fortalece. Los valores Legarianos e Ignacianos nos inspiran y nos permiten formar niños y jóvenes con un corazón grande, cuya fe vive encendida y se multiplica para hacerlos capaces de transformar el mundo.

Discurso de la Sra. Patricia, Coordinadora Nacional, dirigido a todos los docentes participantes:

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Querida familia EPICREY,

Es para mí un inmenso gozo darles la más cordial bienvenida a este XV encuentro de docentes EPICREY 2024, encuentro de hermanos, encuentro de familia legariana. Vernos todos reunidos aquí, en representación de cada una de nuestras instituciones educativas, es una muestra tangible de la gran familia que formamos.

Como educadores, somos los artífices de sueños e ilusiones, los sembradores de esperanza y los guías en este apasionante camino de la formación integral. Cada uno de nosotros, con entrega y vocación, contribuimos a moldear el futuro de nuestros jóvenes, por ello, gracias por la incansable labor lograda hasta hoy.

Sabemos que, desde hace 20 años, nuestra Congregación ha hecho una apuesta firme por los laicos comprometidos y somos el vivo reflejo de esa apuesta. Juntos, somos testigos de cómo la misión compartida nos une en un proyecto común: educar en los valores del Evangelio, siguiendo las huellas de san Ignacio y de nuestro Padre Fundador Pedro Legaria.

Nuestra identidad como instituciones de educación católica nos fortalece. Los valores legarianos e ignacianos que nos inspiran nos permiten formar niños y jóvenes con un corazón grande, cuya fe vive encendida y se multiplica, siendo capaces de transformar al mundo.

En este encuentro, me gustaría invitarlos a reflexionar sobre cómo podemos seguir creciendo y haciendo crecer nuestro trabajo, cómo podemos fortalecer nuestra misión educativa, cómo podemos seguir siendo fieles a nuestros principios y a la vez estar abiertos a los nuevos desafíos que se presentan en el mundo de hoy y para ello me remito a las palabras de Paulo Freire al decir que no hay docencia sin discencia y para ello desarrolla varios saberes indispensables para la práctica docente:

  1. Enseñar exige ser metódico

El educador democrático no puede negarse el deber de reforzar, en su práctica docente, la capacidad crítica del educando, su curiosidad, su insumisión.  Una de sus tareas primordiales es trabajar con los educandos el rigor metódico con que deben aproximarse a los objetos cognoscibles.

  • Enseñar exige investigación

No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza. Mientras enseño continúo buscando, indagando.  Enseño porque busco, porque indagué, porque indago y me indago.

  • Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos

Por eso mismo pensar acertadamente impone al profesor o, en términos más amplios, a la escuela, el deber de respetar no solo los saberes con que llegan los educandos, sino también, discutir con los alumnos la razón de ser de esos saberes en relación con la enseñanza de los contenidos.

  • Enseñar exige crítica

En la diferencia y en la distancia entre la ingenuidad y la crítica, entre el saber hecho de pura experiencia y el que resulta de los procedimientos metódicamente rigurosos, no hay ruptura sino superación.  No habría creatividad sin la curiosidad que nos mueve y que nos pone pacientemente impacientes ante el mundo que no hicimos, al que acrecentamos con algo que hacemos.

  • Enseñar exige estética y ética

La práctica educativa tiene que ser, en sí, un testimonio riguroso de decencia y de pureza.

  • Enseñar exige la corporificación de las palabras en el ejemplo

El profesor que realmente enseña, es decir, que trabaja los contenidos en el marco del rigor del pensar acertado, niega, por falsa, la fórmula farisaica, del “haga lo que mando y no lo que hago”.  Quien piensa acertadamente está cansado de saber que las palabras a las que le falta la corporeidad del ejemplo poco o casi nada valen.  Pensar acertadamente es hacer acertadamente.

  • Enseñar exige riesgo, asunción de lo nuevo y rechazo de cualquier forma de discriminación.

La práctica prejuiciosa de raza, clase, género, ofende la sustantividad del ser humano y niega radicalmente la democracia.

  • Enseñar exige reflexión crítica sobre la práctica

Es fundamental que, en la práctica de la formación docente, el aprendiz de educador asuma que el indispensable pensar acertadamente no es una dádiva de los dioses ni se encuentra en los manuales de profesores que intelectuales iluminados escriben desde el centro del poder, sino que, por el contario, el pensar acertadamente que supera al ingenuo tiene que ser producido por el mismo aprendiz en comunión con el profesor formador.

  • Enseñar exige el reconocimiento y la asunción de la identidad cultural

La asunción de nosotros mismos no significa la exclusión de los otros.  Es la “otredad” del “no yo” o del tú, la que me hace asumir el radicalismo de mi yo.

Estoy convencida de que, unidos en este propósito, lograremos construir un futuro mejor para nuestros estudiantes y para la sociedad. Sigamos trabajando con entusiasmo y pasión. Muchas gracias a todos por estar aquí y que Dios y la Virgen nos bendigan.

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