Junto a nuestros laicos: encuentro de Familia Legariana en Madrid

Sentimiento de pertenencia y mucha fe en lo que somos

Actualidad de la Congregación

Fotografía grupal de los participantes

La Casa de Ejercicios de Madrid, obra de las Esclavas de Cristo Rey situada en la Calle Arturo Soria, acogió uno de esos encuentros en los que tan importante es disfrutar del momento como el pararse a admirar lo vivido una vez finalizado; en demasiadas ocasiones, lo que a ojos de una buena reflexión resulta extraordinario, se torna como normal, quizás, como consecuencia de la rutina y del peligroso ‘dar por hecho’. ¿Acaso somos plenamente conscientes de la magnitud de pertenecer a lo que llamamos Familia Legariana? ¿Meditamos lo suficiente el poder transformador que el Señor, a través de las Esclavas de Cristo Rey, ejerce sobre quienes echan raíces en su carisma y en su estilo de vida? Yo, que estuve allí aquel fin de semana, experimenté la emoción de quien se sabe amado. – ¡Qué sería yo sin ellas! – nos dio por pensar a muchos. No es algo que tuvimos que descubrir a lo largo de las dos jornadas que compartimos laicos y hermanas, pues en realidad ya lo sabíamos; sin embargo, qué bonito fue el ponerlo de nuevo sobre la mesa, el ser conscientes, el celebrarlo.

Los talleres y dinámicas fueron protagonizadas por trabajadores y jóvenes del Colegio Cristo Rey -donde me incluyo- hermanas ECR y otros miembros llegados desde distintas partes de España. Javier Palop, quien lideró la programación, propuso una serie de interacciones iniciales que nos ayudó a comenzar fraternamente la experiencia. Esta peculiar ‘plaza del pueblo’ eliminó toda barrera entre desconocidos y dispuso nuestro corazón para lo que estaba por llegar.

Con la mirada siempre puesta en la esencia de la Congregación y en nuestro Padre Fundador, hicimos un recorrido por los diferentes ámbitos que nos configuran como legarianos: el discernimiento espiritual, el papel determinante del Espíritu Santo en nuestro proceder diario, los Ejercicios Espirituales, el celo apostólico de Don Pedro y las primeras hermanas…un precioso dibujo de lo que somos y de lo que queremos ser.

Uno de los momentos que, probablemente, más recordaremos de aquellos 25 y 26 de mayo, fue el espacio dedicado a los testimonios. Distintas personas abrieron su corazón y plasmaron en palabras el sentir de muchos de los que allí escuchábamos. Fue el instante en el que, quizás de modo más claro, pude darme cuenta de lo que anteriormente mencionaba; qué impactante fue redescubrir el pilar que suponen las Esclavas de Cristo Rey en la vida de tantos y, sobre todo, qué necesario fue para renovar la certeza de lo tremendamente afortunados que somos. – Qué impresionante es el amor que sentís por la Congregación – decía una de las participantes. Ojalá, y rezo para que así sea, no festejemos sólo una vez al año nuestra condición de herederos de Pedro Legaria y demos gracias todos los días por poder serlo.

Quiero dar las gracias en nombre de todos a Javier Palop, al P. Javier por sus palabras durante la eucaristía del domingo y a las Esclavas de Cristo Rey. Que sepa todo el mundo cómo Dios transforma vidas a través de las suyas. ¡Viva la FAMILIA LEGARIANA, presente en tantos lugares!

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Óscar Torres, laico.

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